La virtud del martirio y nuestro deber hacia las familias de los mártires

Alabado sea Al-lah, Dueño de los mundos; quien dice en el Noble Corán:

«Pero no crean que quienes han caído defendiendo la causa de Al-lah están realmente muertos. Por el contrario, están vivos y colmados de gracias junto a su Señor. Se regocijan por las gracias que Al-lah les ha concedido y están felices por la recompensa que recibirán quienes todavía no se les han unido, que no sentirán temor ni tristeza. Se congratulan unos a otros por la gracia y el favor de Al-lah. Porque Al-lah recompensa a los creyentes».

Doy testimonio que no hay más dios que Al-lah, y que nuestro Profeta Mohammed es su siervo y Mensajero ¡Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, con sus familiares y todos sus compañeros!

Entrando en materia…

Al-lah, Alabado sea, creó al hombre para poblar y reformar la tierra. Él provee al hombre que lo asiste a dirigir este pueblo. Al-lah, Alabado sea, rodeó el alma humana, que es el blanco de la obligación, por medio de murallas de protección que exigen que toda agresión contra esa alma y toda corrupción en la tierra sea agresión contra todos los seres humanos. Toda preservación del alma humana y toda reforma en la tierra se consideran una protección del mundo entero. A este propósito, Al-lah, Alabado sea, dice: “Quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra, es como si matase a toda la humanidad. Pero quien salva una vida es como si salvase a toda la humanidad”.

La finalidad de la población y de dar vida es una de las sublimes finalidades que sólo se realizan en presencia de los grandes sacrificios hechos por personas sinceras a su religión y a su patria, conscientes del valor de la religión, de la patria de la vida estable y segura, se sacrificaron las almas y los bienes para alcanzar este objetivo. Hicieron un comercio benéfico con su Señor, Alabado sea. Es un negocio que no se pierde. Al-lah, Alabado sea, dice: » Al-lah ha comprado a los creyentes, a cambio del Paraíso, sus vidas y sus bienes materiales que ofrecen por la causa de Al-lah hasta vencer o morir. Esta es una promesa verdadera que está mencionada en la Tora, el Evangelio y el Corán. ¿Quién es más fiel a su promesa que Al-lah? Bienaventurados sean por ofrecer [sus placeres mundanos] para comprar [los placeres de la otra vida]. Ese es el triunfo grandioso». Su retribución es tan buena como su obra. Al-lah, Alabado sea, les realizó mejor que lo que querían dar a los demás. Gracias a sus buenas intenciones, Al-lah, Alabado sea, les dio la vida última, pacífica y estable. Dice Al-lah, Alabado sea: «Y no digan que quienes cayeron por la causa de Al-lah “están muertos”, sino que están vivos pero ustedes no lo perciben».

El martirio por la Causa de Al-lah, Alabado sea, es uno de los sublimes grados y una de las finalidades grandiosas que sólo se presentan para las criaturas elegidas por Al-lah, Alabado sea, quien dice: «Para que Al-lah ponga a prueba a los creyentes y honre con la muerte dando testimonio [de su fe] a algunos». Se trata de una donación que Al-lah concede a sus siervos más amados después de los profetas y los veraces. Al-lah, Alabado sea,  dice: «Los que obedezcan a Al-lah y al Mensajero estarán con los bienaventurados: los Profetas, los veraces, los que murieron dando testimonio [de su fe] y los justos. ¡Qué excelentes compañeros!». Además, Al-lah, Alabado sea, los protege del tormento de la tumba y del gran estruendo del último día. Un hombre dice: ¡Oh Mensajero de Al-lah! ¿Por qué los creyentes son probados en sus tumbas excepto los mártires? El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, respondió: «Basta con que les ponga a prueba el tamaño de las espadas en sus cuellos». Cuando el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, preguntó a Gabriel, la paz sea con él, sobre el versículo: «Será soplada la trompeta y todos los que estén en los cielos y en la Tierra perecerán, excepto quien Al-lah quiera». ¿A quién no querrá echar un rayo Al-lah, Alabado sea? Respondió: «son los mártires». Basta para la sublimidad del grado de los mártires lo que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Todo difunto concluye sus acciones con su muerte, excepto el que no para la defensa de la causa de Al-lah, puesto que sigue aumentando la recompensa de sus acciones hasta el Día del Juicio y se le libra del examen de la tumba”

 Por eso, a quien Al-lah, concede el martirio, ve su gracia y alcanza su grado, desea volver a la vida para ser mártir varias veces. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dice: «Nadie que entre al Paraíso querrá regresar a éste mundo, aunque le fuera dado todo lo que hay en él, exceptuando el martirio que desearía regresar al mundo y morir diez veces más por la causa de Allah». Esta virtud se menciona explícitamente en el dicho de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, «Por Aquel que tiene mi alma, deseo ser asesinado por la Causa de Al-lah, luego ser resucitado, y luego muerto, y luego resucitado, y luego muerto, y luego resucitado y luego muerto».

Por eso los compañeros del profeta, que Al-lah esté complacido con ellos,  eran los más preocupados por el martirio por el que se precipitaban.  Amr Ibn Al-Yamouh, que Al-lah esté complacido con él,  era un compañero cojo que deseaba salir a combatir el día de Badr, pero el profeta le impidió debido a su discapacidad. El día de Ohud, les dijo a sus hijos: Dejadme salir. Le dijeron: el Profeta te dio permiso para no salir. Les dijo: ¡No!, ¡No!, Me prohibieron el paraíso el día de Badr y hoy me lo prohíben el día de Ohud. Por eso insistió en salir. Vino al Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y le preguntó: ¿entrará el muerto hoy en el paraíso? El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le respondió: sí. Él dijo: por Aquel que tiene mi alma, no volveré a casa hasta que entre en el Paraíso. Omar Ibn Al Khattab que Al-lah esté complacido con él,  le dijo: no jures para anticipar la Orden de Al-lah. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: «Espera, Omar, hay entre ellos quien si jura, Al-lah, Alabado sea, le cumple su deseo, del que Amr Ibn Al-Yamouh se paseará por el paraíso con su discapacidad».

Dado que el Islam es la religión de la virilidad, la valentía, la abstinencia, la preservación de las almas, los honores, los bienes y los derechos, hizo de la protección de todo esto parte integrante de la fe. Hizo de la defensa de las moralidades una de las finalidades más sublimes. Aquel que se asesina para realizarlo es un mártir. El mártir es polimorfo. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: «Aquel que muere defendiendo su propiedad es mártir, aquel que muere en defensa propia es mártir, aquel que muere defendiendo su religión es mártir, y aquel que muere por proteger a su familia es mártir». También dice que: el asesino es mártir, la víctima de un muro demolido es mártir, el ahogado es mártir, el devorado por una bestia feroz es mártir, el picado por una serpiente es mártir, el muerto en guardia por la Causa de Al-lah es mártir, Quien evoca a Al-lah, Alabado sea, en el sueño, luego muere, es mártir, la muerta en el aliento es mártir. Quien muere en su deseo de que la Palabra de Al-lah subsista la más alta y la de los infieles sea la más inferior, es mártir». Y: “Quien pida a Al-lah sinceramente el martirio por Él, Al-lah lo elevará al grado de los mártires, aunque muera en su lecho”.

El verdadero mártir es quien cree en lo verdadero. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dice: «Quien lucha para poner en alto la palabra de Al-lah y hacerla prevalecer, es quien lucha por la Causa de Al-lah». El mártir es honrado tanto en este mundo como en el más allá. En la vida mundana, se anota su nombre de una caligrafía luminosa en la memoria de la comunidad como buen ejemplo de sacrificio, valentía y honor. Nuestros mártires serán grabados en nuestras razones y corazones. Los recordamos de la grandeza y del orgullo a lo largo de las generaciones. En el más allá, el mártir será resucitado en un estado de prestigio, de honor y de belleza. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: «Por Aquel que tiene mi alma, “¡Aquel que es herido por la causa de Al-lah, y Al-lah sabe los que son heridos por Su causa: vendrá en el Día del Juicio con su herida brotándole sangre: su color será el color de la sangre y su aroma será la fragancia del almizcle!».

Nuestros nobles mártires se sacrifican las almas por los demás. Dejan atrás a sus familias por las que debemos deberes y obligaciones. Hay que mirarlos con buena estima y sublime consideración, reconociendo al mismo tiempo los sacrificios ofrecidos por sus padres. Al-lah, Alabado sea, dice: « ¿Acaso la recompensa del bien no es el bien mismo? ». El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dice: «El que no agradece a la gente, no da gracias a Al-lah ». Dice también: «Quien os conceda una gracia, recompensadlo, si no podéis hacerlo, invocad a Al-lah, Alabado sea, en su favor hasta que os deis cuenta de que le habéis recompensado. Y ¡Qué recompensa podría equivaler al sacrificio del alma por la patria y el honor!

No hay que hacer sentir a los hijos de los mártires la amargura de la pérdida del padre o el tutor, mediante el cuidado, el pasar algún tiempo consolidándolos y tratándolos bien. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, se preocupaba por las familias y los hijos de los mártires. Por ejemplo, se cita lo que hizo con la familia de Yaafar Ibn Abi Taleb, que cayó mártir el día de Moata dejando menores. El profeta se encargó de ello con su afecto y ternura y se hizo responsable de ellos después de la muerte de su padre.

                     Dicho esto, ¡espero que Al-lah nos perdone a todos!

                                              *      *       *

Alabado sea Al-lah, Señor del universo; la paz y las bendiciones de Al-lah sean con su Mensajero Mohamed, sus familiares, todos sus compañeros y aquellos que les siguen con bondad hasta el Día del Juicio Final.

¡Hermanos por la causa del Islam!

Nuestro deber hacia los mártires exige proporcionarles una vida pacífica y estable. Sus padres cayeron mártires para presentarnos esta vida. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, garantiza a quien se ocupa de los hijos de los mártires, la buena retribución diciendo: “Quien pertreche a un guerrero por la causa de Al-lah, obtiene la misma recompensa que si hubiese luchado. Y quien cubra las necesidades de la familia de un guerrero durante su ausencia, es como si también hubiese luchado”. Gracias a este cuidado, les ofrece la retribución del mártir. Se trata de una gratitud, un reconocimiento y una recompensa por parte de sus sacrificios. Relató Zayd Ibn Aslam, según su padre: Salí con Umar Ibn Al-Jhattab que Al-lah esté complacido con él,  al mercado. Una joven alcanzó a Umar diciéndole: ¡Oh, Emir de los creyentes! Mi marido ha muerto dejándome menores que no pueden hacer nada y no tienen ni campo ni ovejas. Temo que los leopardos los devoren. Soy la hija de Jufaf Ibn Imaa Al-Ghifari, que asistió a la reconciliación de Al-Hudaibia con el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, Umar se detuvo con ella sin moverse. Le dijo: bienvenido de este vínculo de parentesco tan cercano. Se dirigió hacia un camello que estaba en la casa, llevaba consigo dos sacos, los llenaba de comida y con ellos dinero y ropa. Le dio la cuerda del camello a la mujer que le dejo: Llévalo, antes de que se agote, Al-lah, Alabado sea, os traerá el bien. Un hombre dijo: ¡Oh Emir de los Creyentes!, tú le diste con exceso. Umar respondió: ¡que tu madre te pierda! Por Al-lah, vi al padre y al hermano de esta mujer asediando una fortaleza que conquistaron, y aquí estamos tomando nuestras porciones.

En este incidente, Umar Ibn Al-Jattab que Al-lah esté complacido con él,  nos muestra nuestro deber ante los mártires: hay que reconocer sus buenas acciones, nuestro deber hacia sus familias, lo que se podría traducir actualmente en un importante papel individual y comunitario, a saber, la preocupación de los hijos de los mártires, en pleno sentido, para satisfacer y reconocer a ellos.

También se menciona el hecho de que se les imparte una buena formación y se coloca a los competentes de esos niños la dosis que merecen. El Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, nos da el mejor ejemplo de cómo cuidaba de los hijos de los mártires dándoles la formación adecuada. A título de ilustración, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, cuando Zaid Ibn Hariza que Al-lah esté complacido con él, cayó mártir el día de Moata, Se preocupó por su hijo Osama, que le dio una buena formación hasta que se convirtió en el comandante militar más joven de toda la historia, cuando tenía menos de veinte años, cuando el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le confió el mando del ejército que contenía a los más grandes compañeros. A este respecto, el profeta dijo: «Si invalidas su mandamiento, por tanto, invalidas el de su padre. Por Al-lah era merecedor del mandamiento y más querido para mí y su hijo me es más querido». Es preciso llevar la buena nueva a las familias y a los hijos de los mártires, que Al-lah, Alabado sea, los protege y honra por la virtud de sus padres, y que la promesa de Al-lah, Alabado sea, se cumplirá inevitablemente. Al-lah, Alabado sea, se ocupa de los virtuosos y hace que la rectitud de los padres dé fruto a los hijos en este mundo y en el más allá.

Al-lah, Alabado sea, encomendó a dos siervos: Moisés y Al-Jidr, para dos hijos de un virtuoso siervo, para salvar sus bienes y tesoros, honrando a su padre piadoso. Al-lah, Alabado sea, dijo: «En cuanto al muro, pertenecía a dos jóvenes huérfanos del pueblo. Debajo de él había un tesoro que les pertenecía. Su padre había sido un hombre piadoso y tu Señor quiso que cuando alcanzaran la madurez encontraran el tesoro, como una misericordia de tu Señor. Yo no lo hice por iniciativa propia». En el más allá, Al-lah, Alabado sea, reúne a los hijos con sus padres para honrarlos. Al-lah, Alabado sea, dice: «Los creyentes y sus descendientes que los hayan seguido en la fe serán reunidos, sin que se pierda ninguna de sus obras. Toda persona es responsable de sus propias acciones».

Hay que saber bien que los sacrificios de nuestros mártires son una corona en el frente de la patria y de todo ciudadano. Reconocer tales sacrificios exige que cada uno de nosotros sea un soldado de esta patria en su dominio y que realice sus esfuerzos al servicio de esta gran patria. Tenemos que estar unidos detrás de nuestro ejército, nuestra policía y todas las autoridades nacionales, afirmando que éstas son el bucle de rescate. Debemos hacer frente a los partidarios de la sedición y los disturbios, los grupos extremistas y terroristas que no creen en la patria ni en el Estado nacional. Alegan el interés del grupo sobre el del Estado. Estos grupos constituyen un peligro persistente para la religión y el Estado. Hacerles frente y exterminar su pensamiento extremista es un deber a la vez religioso, nacional y humano.

Pedimos a nuestro Señor, Alabado sea, que conceda a nuestros mártires su amplia misericordia, que proteja a nuestro querido Egipto, a nuestro ejército, a nuestra policía y a todos sus vecinos contra todo mal y toda desgracia.